Por DEBORAH PASMANTIER Y FABRICE RANDOUX,
Columnistas de la Agencia AFP
PARÍS.- En nombre del derecho a la información, las ONG defendieron la decisión de Wikileaks de difundir cables diplomáticos que pusieron en un compromiso a Estados Unidos, pero una transparencia absoluta puede, según intelectuales, ser un peligro para las democracias. "En su conjunto, es positivo porque esto desplaza el equilibrio del poder de la información entre los ciudadanos y los gobiernos: más vale la actual libertad de expresión que la censura del pasado bajo el pretexto de la seguridad nacional", dijo el secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty.
Pues la divulgación de una parte de los 250.000 cables diplomáticos, algunos de ellos secretos, que circularon entre Washington y sus embajadas de 2004 a 2010 se produce tras años de acciones secretas en nombre de la lucha contra el terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Los telegramas, publicados desde el domingo por cinco diarios de referencia mundial, el estadounidense The New York Times, el británico The Guardian, el español El País, el alemán Der Spiegel y el francés Le Monde, provocaron cierta incomodidad en muchos gobiernos. En algunos casos, el contenido fue bastante crudo aunque no aportaron revelaciones significativas.
"Sea como fuere, revelar la realidad política o diplomática del planeta, es importante. La gente tiene el derecho de saber lo que dicen los políticos en su nombre y cómo negocian entre ellos", responde el periodista de Le Monde Remy Ourdan. Los analistas de los medios de comunicación son unánimes a la hora de subrayar la responsabilidad de los cinco periódicos, que examinaron y eligieron el material que les transmitió Wikileaks para no poner a nadie en peligro.
En julio, cuando Wikileaks dio a conocer documentos sobre Afganistán, fue acusado de haber aireado la identidad de afganos que trabajan para la coalición encabezada por Estados Unidos.
"Nos satisface la evolución de Wikileaks porque nos parece bien esa colaboración con periódicos y ese trabajo de ponerlo en contexto, de verificar y de aplicar una pedagogía", opinó el secretario general de Reporteros Sin Fronteras (RSF), Jean François Juillard.
Sin embargo en esta carrera por la transparencia a cualquier precio, hay una paradoja, según numerosos periodistas e intelectuales. "Los periódicos no pueden quejarse de beneficiarse de esta documentación instantánea y masiva acerca del funcionamiento de una política exterior que afecta nuestras vidas", dice Laurent Joffrin en el diario Liberation. "Sin embargo, en un mundo sacudido por violentos conflictos, un Estado no podría actuar bajo la permanente mirada de la opinión pública", aclara.
En el mismo sentido se pronuncia el diario británico Financial Times. "Algunas cosas deben permanecer secretas para que los Estados puedan llevar a buen término sus asuntos y garantizar la seguridad de sus ciudadanos", afirma.
Los expertos en geopolítica consideran que las filtraciones como la de Wikileaks pueden causar una falta de confianza entre las capitales del mundo, y de ningún modo un avance democrático, al menos en los países occidentales. "Hay demagogia y la ingenua creencia de pensar que la transparencia radical permitiría superar una etapa democrática", asevera el politólogo francés Philippe Braud. En su opinión, los ciudadanos muy informados han aprendido muy poco de esto y los otros creen que se les oculta todo y esto puede alimentar un sentimiento contra la democracia.
En tiempos de internet y de las redes sociales donde puede verse la vida privada de cada uno haciendo tan sólo clic, el necesario control democrático no tiene por qué convertirse en un Gran Hermano electrónico, resume en Liberation el ex ministro francés de Relaciones Exteriores Hubert Vedrine.